El presidente Petro ha reiterado ante altos foros internacionales que reducir el consumo y apoyar el cambio a economías lícitas en zonas productoras resulta mejor que las intervenciones de fuerza.
El presidente Gustavo Petro ha reiterado en diferentes escenarios internacionales que el fracaso de la guerra contra las drogas es evidente y que insistir en su continuidad significaría otro medio siglo de violencia, represión y muerte tanto en América Latina como en Estados Unidos. El mandatario colombiano ha defendido con firmeza que la única vía posible para enfrentar el fenómeno mundial de las drogas es reducir el consumo con políticas de prevención y abrir caminos hacia economías lícitas en las regiones productoras, en lugar de recurrir a intervenciones de fuerza que, según sus palabras, solo han dejado un genocidio en el continente.
Petro lanzó esta advertencia por primera vez como presidente durante la plenaria de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, el 20 de septiembre de 2022. Allí calificó de irracional la llamada guerra mundial contra las drogas y sostuvo que disminuir el consumo no requiere armas ni ejércitos, sino construir mejores sociedades con justicia social. Para el jefe de Estado, el prohibicionismo no solo ha fracasado, sino que ha producido millones de encarcelados, miles de asesinados y una narrativa que culpabiliza injustamente a la selva y sus plantas mientras encubre responsabilidades sociales de los países desarrollados.
Durante su intervención en Naciones Unidas, Petro fue contundente al advertir que si no se corrige el rumbo y esta guerra continúa por otras cinco décadas, las consecuencias serán devastadoras. Mencionó que Estados Unidos podría enfrentar la muerte de 2,8 millones de jóvenes por sobredosis de fentanilo, droga que no se produce en América Latina, además del encarcelamiento masivo de afroamericanos en prisiones privadas. También señaló que un millón de latinoamericanos adicionales serían asesinados y que la democracia, tanto en América Latina como en el mundo anglosajón, correría un grave riesgo de desaparecer bajo la sombra de la violencia.
El mandatario ha insistido en que el fracaso de la guerra contra las drogas debe abrir un debate internacional serio y responsable. En su visión, este debe centrarse en tres puntos clave: la reducción de la demanda mediante la prevención y la salud pública, la creación de alternativas económicas sostenibles para los pequeños productores y la lucha frontal contra las organizaciones transnacionales del crimen, más que contra los campesinos cultivadores.
En la Cumbre de Davos, el 18 de enero de 2023, Petro explicó que los carteles de la droga ya no son estructuras tradicionales como las que dominaron el narcotráfico en los años ochenta y noventa, sino verdaderas multinacionales criminales con poder financiero global. Estas organizaciones operan a través de redes sofisticadas que trasladan sustancias a distintos continentes, dejando un rastro de violencia y muerte en ciudades y pueblos, especialmente en América Latina. Por eso, el presidente colombiano ha pedido a la comunidad internacional mirar el problema de fondo y reconocer que las estructuras del narcotráfico son hoy conglomerados financieros ilegales con alcance transnacional.
El 9 de septiembre de 2023, durante la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drogas realizada en Cali, el mandatario volvió a destacar la necesidad de adoptar un enfoque de salud pública. Allí planteó que la inversión en reducir la demanda es mucho más eficaz que la enfocada en atacar la oferta. Según sus palabras, cada dólar destinado a la prevención del consumo ayuda a las familias a evitar la adicción, mientras que cada dólar invertido en recortar la oferta solo encarece los precios y fortalece las rentas de los narcotraficantes.
Petro ha insistido en que repetir guerras y guerritas sangrientas solo perpetúa el error histórico de militarizar un problema que en esencia es de salud y de justicia social. Para él, la “mal llamada guerra contra las drogas” ha demostrado que tratar este fenómeno como una cuestión militar ha sido un camino equivocado. En contraste, su propuesta apunta a ver el consumo de sustancias psicoactivas como un asunto de salud pública que requiere programas de prevención, tratamiento y reducción de daños.
El debate internacional sobre el fracaso de la guerra contra las drogas toma cada vez más fuerza en foros multilaterales. Colombia se ha posicionado como uno de los países que lidera el llamado a un cambio de paradigma, argumentando que la represión no ha logrado sus objetivos y que ha sido injusta con los territorios productores, quienes cargan con el peso de la violencia y la criminalización. Petro también ha insistido en que Estados Unidos y Europa deben asumir su corresponsabilidad en el consumo y en la regulación, y no trasladar únicamente la carga a los países productores.
El presidente ha sido claro en señalar que la prolongación de la guerra antidrogas condenaría a las futuras generaciones a un ciclo interminable de violencia. Por eso, su mensaje central ha sido transformar el enfoque y construir un nuevo consenso global. En lugar de sembrar cárceles y muerte, Colombia propone sembrar vida, apostar por economías lícitas en el campo, proteger los ecosistemas afectados por los cultivos ilícitos y abrir un camino de paz y dignidad para las comunidades más golpeadas por el narcotráfico.
La postura de Petro no solo se enmarca en una visión nacional, sino también en un esfuerzo diplomático para que el tema sea tratado en espacios internacionales como la ONU, la CELAC y otros foros regionales. Su estrategia busca que Colombia deje de ser vista como un simple territorio productor y pase a ser un referente de propuestas innovadoras que prioricen la vida y la justicia social.
En este contexto, el llamado del mandatario colombiano se suma al creciente reconocimiento de expertos y organismos internacionales que señalan que la guerra contra las drogas, declarada hace más de 50 años, ha fracasado en sus objetivos y ha generado costos sociales, económicos y ambientales desproporcionados. El desafío ahora es construir un modelo alternativo que, más allá de la retórica, logre cambios reales y duraderos en la vida de millones de personas.
Con ello, Colombia reitera ante el mundo que el fracaso de la guerra contra las drogas no debe convertirse en un estancamiento, sino en una oportunidad para abrir una nueva etapa en la política global sobre drogas, basada en la prevención, la salud pública, el respeto por los derechos humanos y la transformación de los territorios.