Campesinos en Cauca avanzan en sustitución de coca
En el departamento del Cauca, cientos de campesinos han comenzado a transformar su futuro al sustituir los cultivos de coca por economías lícitas y sostenibles, como parte del programa “Renhacemos”, impulsado por el Gobierno nacional. La iniciativa busca no solo erradicar de raíz la dependencia de los cultivos ilícitos, sino también ofrecer alternativas productivas que garanticen mejores condiciones de vida a las familias rurales.
Uno de esos protagonistas es Luis, campesino de la vereda Mundo Nuevo en Argelia, Cauca, quien decidió dar el paso hacia la legalidad arrancando de manera definitiva las matas de coca de su finca. Para él, esta acción representa mucho más que eliminar un cultivo: significa dejar atrás la incertidumbre, la violencia y la ilegalidad, para abrirse camino hacia una vida basada en productos agrícolas que pueden comercializarse sin temor. “No quiere decir que solamente arranque la mata. Quiere decir que ya no vuelva a reincidir, que ya no lo necesite. Que pueda vivir de otras economías que sean lícitas”, afirma con convicción.
El programa “Renhacemos” fue diseñado como una estrategia integral de sustitución sostenible de cultivos ilícitos, en la que los campesinos reciben un pago por erradicación, acompañamiento técnico, semillas, insumos y apoyo para la comercialización de productos como café, aguacate, maíz o frutas. A diferencia de intentos pasados, esta propuesta involucra a varias entidades nacionales y locales para garantizar la continuidad y el cumplimiento de los compromisos con las comunidades.
Luis confiesa que la desconfianza fue uno de los principales obstáculos que enfrentó para unirse al programa. La memoria de promesas incumplidas por parte de gobiernos anteriores lo hacía dudar. Sin embargo, al ver cómo sus vecinos empezaron a recibir apoyo real, decidió dar el paso. “Hay que ver para creer”, dice, convencido de que esta vez la oportunidad es distinta porque se trata de un plan integral que no solo erradica la coca, sino que asegura alternativas viables de producción.
El campesino recuerda cómo la coca le permitió alimentar a su familia y dar educación a sus hijos, aunque también reconoce que desconocía lo que pasaba después de vender la hoja. “Nosotros como campesinos sembramos la coca, la cultivamos. De eso hemos podido comer y darles estudio a nuestros niños. Pero de ahí para allá desconocemos qué pasa cuando se saca todo lo que sale de la hoja de coca. Desconocemos totalmente que estamos haciéndole daño a muchas personas, que ayudamos a que se destruyan familias y vidas”. Su reflexión, hecha con voz entrecortada, muestra la profunda transformación personal que acompaña este proceso de sustitución.
Hoy, Luis sueña con ver a su vereda y a todo el municipio libres de cultivos ilícitos, rodeados en cambio de fincas productivas y legales. “Mi sueño es arrancar de raíz el problema que siempre ha habido entre nosotros como campesinos. Que estemos llenos de cultivos, sea el que sea, pero no ilícitos”. Con ese anhelo, asegura que busca construir un futuro en el que reine la tranquilidad, en el que pueda llevar sus productos al mercado sin temor ni restricciones.
El Gobierno nacional ha destacado que el programa “Renhacemos” en el Cauca busca atender una de las regiones históricamente más afectadas por el narcotráfico, la violencia y la pobreza. Al promover la sustitución de cultivos ilícitos en Cauca, no solo se disminuye la dependencia de economías ilegales, sino que también se abre camino hacia la construcción de paz y desarrollo sostenible en el suroccidente del país.
A nivel nacional, expertos en desarrollo rural resaltan que la clave del éxito de estos programas está en la sostenibilidad y en el acompañamiento permanente. No se trata únicamente de arrancar la coca, sino de asegurar que los campesinos cuenten con ingresos estables, acceso a mercados, vías adecuadas y condiciones de seguridad que les permitan mantener su decisión de permanecer en la legalidad.
En este sentido, las autoridades han insistido en que “Renhacemos” incluye componentes sociales y ambientales que fortalecen el tejido comunitario, protegen los ecosistemas y brindan alternativas productivas acordes con las potencialidades de cada territorio. La meta es generar un modelo de sustitución que sea replicable en otras regiones del país y que logre transformar de manera estructural la realidad de miles de familias campesinas.
Los testimonios de campesinos como Luis se convierten en un reflejo del cambio que ya se empieza a sentir en el Cauca. Para muchos, arrancar de raíz la coca significa recuperar la libertad de sembrar lo que se quiera sin miedo a represalias, vivir en armonía con la naturaleza y construir un futuro para sus hijos basado en la legalidad. “Quiero acostarme y levantarme tranquilo. Pasar con mi producto por donde sea sin que nadie me ponga problema. No hay nada como la libertad de estar haciendo lo correcto”, sentencia con orgullo.
La apuesta por la sustitución de cultivos de uso ilícito no solo representa un beneficio para los campesinos, sino también para el país. Al reducir la oferta de coca, se contribuye a debilitar las estructuras ilegales que se financian con el narcotráfico y se fortalece el control del Estado en territorios históricamente olvidados. Además, la diversificación productiva permite dinamizar las economías regionales, impulsar la agricultura sostenible y abrir oportunidades de exportación para productos lícitos de alta calidad.
El caso de Luis y de otros campesinos que han tomado la decisión de unirse al programa es un ejemplo de resiliencia y de confianza en que el cambio es posible. La legalidad, aunque desafiante, se presenta como un camino más productivo, seguro y esperanzador que la dependencia de un cultivo que, pese a dar ingresos inmediatos, ha traído consigo décadas de violencia y estigmatización.
El reto hacia adelante será consolidar los avances logrados y asegurar que el acompañamiento del Estado no se diluya con el tiempo. Programas como “Renhacemos” necesitan continuidad, recursos y articulación institucional para que el sacrificio y la esperanza de miles de familias campesinas no se pierdan en promesas inconclusas.
Con cada mata de coca que se arranca y se reemplaza por un cultivo legal, se siembra también una semilla de paz y de futuro para Colombia. El Cauca, con sus fértiles tierras y su gente trabajadora, demuestra que sí es posible transformar la realidad y construir un camino distinto, donde la vida digna en el campo se convierta en una realidad para todos.