Carteles del Tren de Aragua y el Clan del Golfo, ambos con operaciones transfronterizas, han perdido cabecillas en operaciones conjuntas entre Estados Unidos y Colombia.
La cooperación entre Colombia y Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico se mantiene como un pilar estratégico para la seguridad hemisférica. Así lo expresó el embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, en una columna publicada por The Washington Post, donde enfatizó que ambos países no pueden permitirse debilitar sus esfuerzos conjuntos frente a los carteles de la droga y el crimen transnacional.
El diplomático recordó los recientes episodios de violencia que enlutan al país: la emboscada en Amalfi donde murieron 13 policías en una operación de erradicación de cultivos de coca y el carro bomba en Cali que dejó seis civiles fallecidos. Estos hechos, señaló, no corresponden a un pasado superado, sino a la reacción brutal de organizaciones criminales debilitadas por la ofensiva estatal.
Según el embajador, la violencia en Colombia tiene repercusiones directas en ciudades de Estados Unidos como Washington, Nueva York, Miami y Los Ángeles, ya que los estupefacientes que generan estos conflictos no se consumen solo en el país andino, sino que viajan a los mercados norteamericanos. Por ello, insistió en que la lucha contra los carteles debe asumirse como un esfuerzo compartido.
Los resultados de la ofensiva colombiana son claros. Solo en el primer semestre de 2025, las autoridades incautaron más de 500 toneladas de cocaína, destruyeron 2.486 laboratorios, capturaron a 183 personas con fines de extradición y entregaron a 177 más a tribunales de Estados Unidos e internacionales. Además, se han decomisado bienes de las mafias por más de 125 millones de dólares, lo que equivale a sacar de circulación alrededor de 800 millones de dosis de cocaína.
El impacto también se refleja en golpes a redes internacionales. El Clan del Golfo y el Tren de Aragua han perdido cabecillas en operaciones conjuntas, mientras que en Medellín fueron capturados dos integrantes de este último cartel que figuraban entre los más buscados en Colorado. Estos resultados, explicó el embajador, son prueba de que la cooperación en inteligencia protege tanto a comunidades colombianas como estadounidenses.
No obstante, los avances tienen un alto costo humano. En lo corrido del año, 79 policías colombianos han muerto en operaciones antidrogas, un sacrificio que, según García-Peña, evidencia que ningún otro país invierte tantos recursos propios ni paga un precio tan alto en vidas humanas en esta batalla global contra el narcotráfico.
El contexto cobra mayor relevancia a pocas semanas de que la Casa Blanca presente al Congreso su informe anual sobre los países productores y de tránsito de drogas ilícitas. Este reporte influye directamente en la asignación de fondos de cooperación internacional. Para Colombia, advirtió el embajador, reducir esa ayuda debilitaría no solo la economía legal del país, sino también la capacidad de interdicción aérea y marítima, así como el flujo de inteligencia compartida con Estados Unidos.
“La cooperación es vital”, sostuvo García-Peña, al subrayar que Colombia continuará combatiendo los carteles por interés nacional, pero que sin el respaldo estadounidense los costos serían más altos y los resultados más limitados.
El embajador concluyó que las muertes en Amalfi y Cali son recordatorios del precio de una lucha que trasciende fronteras y que debe ser entendida como un frente común. “La batalla de Colombia es también la de Estados Unidos: contra la violencia, contra la adicción y contra la erosión de las instituciones democráticas”, afirmó.
Con esta declaración, el Gobierno colombiano envía un mensaje claro: el combate contra el narcotráfico no es solo una responsabilidad interna, sino un compromiso conjunto que protege vidas y fortalece la seguridad en toda la región.