Colombia y EE. UU. refuerzan su cooperación para enfrentar estructuras criminales y la amenaza creciente de drones usados por bandas ilegales.
Colombia y Estados Unidos fortalecieron su cooperación militar y de seguridad con nuevos intercambios de información destinados a proteger a las comunidades frente al creciente riesgo que representan las estructuras criminales, un tema que se consolida como amenaza transnacional y que exige respuestas coordinadas entre ambos países. Este impulso renovado a la cooperación Colombia–Estados Unidos se dio durante una jornada de trabajo convocada para evaluar los desafíos que plantean los sistemas aéreos no tripulados utilizados por organizaciones criminales, una modalidad en expansión que ya genera impactos directos en la seguridad nacional.
El ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez, subrayó que este intercambio permanente de información y capacidades se desarrolla bajo estrictos protocolos establecidos desde hace décadas, los cuales regulan la colaboración militar entre ambas naciones. Estos procedimientos, afirmó, han permitido que las Fuerzas Militares colombianas cuenten con acompañamiento técnico clave, especialmente en operaciones que requieren precisión operativa, como los bombardeos contra campamentos y estructuras ilegales.
Sánchez insistió en que el compromiso bilateral no solo se mantiene, sino que se proyecta hacia nuevas áreas estratégicas. Señaló que el país continuará avanzando con Estados Unidos en el fortalecimiento de tácticas, tecnología militar y mecanismos de evaluación que resultan prioritarios para enfrentar un escenario criminal cada vez más complejo y mejor equipado. La visión conjunta, explicó, busca anticiparse a los riesgos y evitar que estas organizaciones sigan adaptándose mediante el uso de tecnología accesible, económica y altamente dañina, como los drones modificados.
Durante el encuentro, organizado por el Ministerio de Defensa de Colombia en coordinación con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, se destacó que toda la información intercambiada entre ambos gobiernos se realiza a través del Departamento de Estado y el Comando Sur, que mantienen canales formales de cooperación con las autoridades colombianas. Estos mecanismos garantizan transparencia, trazabilidad y cumplimiento de normas internacionales, aseguró Sánchez.
El ministro hizo hincapié en que esta articulación es indispensable para diseñar respuestas que protejan a las comunidades más expuestas a la violencia, así como a los integrantes de la Fuerza Pública que enfrentan directamente a los grupos armados ilegales. Precisó que espacios como esta jornada permiten revisar estrategias, actualizar metodologías y tomar decisiones fundamentadas sobre cómo contrarrestar la amenaza.
Uno de los mensajes centrales de Sánchez fue la magnitud del desafío interno que atraviesa el país. El 67 % de los homicidios en Colombia está vinculado a disputas entre bandas criminales, lo que demuestra que la lucha contra estas estructuras es, ante todo, una prioridad de seguridad ciudadana y de orden público. Además, mencionó que el 42 % de las armas ilegales incautadas en territorio nacional tiene origen estadounidense, mientras que el resto ingresa desde diversas rutas internacionales utilizadas por el crimen organizado.
Según el ministro, esta realidad evidencia que la amenaza no solo es doméstica, sino que responde a dinámicas globales de tráfico de armas, drogas y contrabando, por lo que la cooperación internacional se convierte en un pilar fundamental para debilitar estos mercados ilícitos. El trabajo conjunto con Estados Unidos —principal aliado estratégico en la región— permite a Colombia fortalecer el rastreo de armas, la investigación criminal y la inteligencia transfronteriza.
Sánchez también reveló que las organizaciones criminales han incrementado significativamente el uso de sistemas aéreos no tripulados, lo que ha provocado la muerte de 150 miembros de la Fuerza Pública y ha dejado más de 400 heridos. Estas cifras muestran, según él, que los grupos armados han encontrado en estos dispositivos una herramienta de ataque difícil de anticipar y con alta capacidad destructiva, lo cual obliga a las autoridades a mantenerse en constante actualización tecnológica y táctica.
Advirtió que, “a pesar de lo que algunos creen”, la amenaza de estas estructuras sigue en expansión. El uso de drones cargados con explosivos, cámaras térmicas y sistemas de vigilancia improvisados ha transformado los escenarios operativos y representa un reto para los protocolos tradicionales de seguridad. Por ello, uno de los principales objetivos del encuentro fue identificar tecnologías emergentes que permitan detectar, neutralizar y desactivar este tipo de armas aéreas.
En representación del gobierno estadounidense, participó Jarahn Hillsman, ministro consejero de la Embajada de Estados Unidos, quien destacó la importancia de que ambos países mantengan una postura unificada frente a organizaciones criminales que no reconocen fronteras. Hillsman recalcó que Estados Unidos seguirá acompañando a Colombia como su aliado estratégico más cercano en la región y que la magnitud del desafío exige no solo cooperación, sino anticipación. Su mensaje fue claro: el compromiso estadounidense con la seguridad regional permanece firme.
En la jornada se discutieron también los impactos sociales que generan los sistemas criminales que operan en el país. Las bandas y organizaciones armadas no solo afectan a la Fuerza Pública, sino que ponen en riesgo a comunidades urbanas y rurales que quedan atrapadas en disputas territoriales, presiones, extorsiones y enfrentamientos armados. La modernización de estas estructuras mediante tecnología accesible eleva aún más la vulnerabilidad de estas poblaciones.
La cooperación entre Colombia y Estados Unidos ha sido históricamente un componente esencial en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado. Desde los años noventa, esta alianza ha evolucionado para enfrentar fenómenos cada vez más sofisticados. Hoy, con la aparición de nuevas tecnologías empleadas por grupos ilegales, ambos países buscan un enfoque renovado que combine inteligencia, investigación, entrenamiento conjunto y desarrollo de capacidades defensivas.
El Gobierno colombiano considera que reforzar esta alianza estratégica permitirá seguir desarticulando redes criminales que afectan la estabilidad regional y que encuentran oportunidades en mercados globales, rutas de tráfico y disponibilidad tecnológica. Tanto Sánchez como Hillsman coincidieron en que la protección de las comunidades debe ser el eje central de todas las estrategias.