Reforma Agraria en el Magdalena Medio: más de 18.000 hectáreas regresan a manos campesinas
El Gobierno del presidente Gustavo Petro avanza con pasos firmes en la Reforma Agraria y el Magdalena Medio se ha convertido en epicentro de este proceso histórico. En una visita programada para este jueves, el jefe de Estado regresará a la región para presentar resultados concretos de la política de redistribución de tierras, destacando la entrega de más de 18.000 hectáreas a familias campesinas y víctimas del conflicto armado. Estos predios habían permanecido durante décadas en poder de narcotraficantes y testaferros, pero hoy son devueltos a quienes trabajan la tierra.
La región del Magdalena Medio ha sido uno de los escenarios más complejos del conflicto colombiano. Durante años, fue territorio de disputas entre actores armados, organizaciones criminales y sectores que se beneficiaron de la violencia. Las fincas y haciendas allí ubicadas fueron utilizadas como centros logísticos para el narcotráfico, puntos de entrenamiento de grupos armados y depósitos de armas. En este contexto, la recuperación de tierras no solo representa un avance en términos de justicia social, sino también un golpe directo a las estructuras ilegales que se beneficiaban de estos bienes.
El proceso de entrega de tierras ha sido posible gracias a la articulación entre la Sociedad de Activos Especiales (SAE), la Agencia Nacional de Tierras (ANT) y la Policía Nacional. En abril de este año se firmó un convenio que permitió iniciar la transferencia de predios, y en tan solo cuatro meses ya se muestran resultados palpables. Según los reportes oficiales, los terrenos pasaron de estar bajo administración estatal a ser adjudicados directamente a organizaciones campesinas, pescadores artesanales y asociaciones rurales.
En total, son diez los municipios beneficiados en seis departamentos del país. En Caldas, La Dorada recibió 713 hectáreas. En Santander, Cimitarra obtuvo 2.584 hectáreas y Sabana de Torres 179. En Boyacá, Puerto Boyacá fue adjudicatario de 3.289 hectáreas. Antioquia se convirtió en uno de los departamentos con mayor impacto, con 1.255 hectáreas en Puerto Nare, 2.613 en Puerto Berrío, 846 en Puerto Triunfo y 3.676 en Yondó. El Tolima recibió 1.109 hectáreas en Honda, y Cundinamarca 1.757 hectáreas en Puerto Salgar.
Entre los casos más simbólicos está la recuperación de tierras en Puerto Boyacá que pertenecieron a Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, uno de los jefes del narcotráfico más temidos de los años ochenta. Igualmente, el Gobierno recuperó predios donde el mercenario israelí Yair Klein entrenó a los primeros grupos paramilitares que operarían en la región. Hoy, esas hectáreas están siendo entregadas a asociaciones rurales que buscan consolidar proyectos productivos y devolverle al campo su papel de motor económico y social.
Las entregas no se limitan a tierras en abstracto. En Honda, Tolima, por ejemplo, 416 hectáreas fueron adjudicadas a 40 familias vinculadas a la Asociación de Pescadores Artesanales, cumpliendo con ello una de las promesas de campaña del presidente. Este tipo de adjudicaciones no solo refuerzan la confianza de las comunidades en el Estado, sino que también impulsan economías locales sostenibles que antes estaban rezagadas por la falta de acceso a tierras.
Las organizaciones campesinas beneficiadas representan un tejido diverso y amplio. Entre ellas se encuentran la Corporación de Pescadores Artesanales y Campesinos del Magdalena, Acoem, Asociación Granjeros Campesinos Alameda, Corpividcamh, Asocampestu, Asociación Agrofuturo, Asomillas y Cooipa. Todas estas entidades juegan un papel esencial en la construcción de proyectos productivos y en el fortalecimiento del tejido social que había sido fracturado por la violencia.
La Reforma Agraria en el Magdalena Medio es más que una entrega de hectáreas. Es un proceso integral que busca transformar las dinámicas históricas de despojo, exclusión y violencia en dinámicas de inclusión, producción y sostenibilidad. Cada hectárea devuelta representa una oportunidad de arraigo para las familias campesinas, que ahora cuentan con un respaldo institucional para trabajar la tierra, generar ingresos y proyectar un futuro diferente al que les impuso la guerra.
El impacto social de esta medida va más allá de la simple redistribución. Se trata de reivindicar derechos colectivos y garantizar que comunidades que habían sido víctimas de desplazamiento forzado y violencia sistemática puedan reconstruir sus vidas en territorios que históricamente les pertenecieron. La entrega de tierras se convierte, así, en una herramienta de reparación integral y de justicia social.
La estrategia del Gobierno también refuerza la autoridad de tierras en el país, fortaleciendo a la Agencia Nacional de Tierras como entidad líder en este proceso. La articulación interinstitucional con la SAE y las fuerzas del orden ha permitido que los predios no permanezcan improductivos bajo administración estatal, sino que se conviertan en motores de desarrollo para comunidades campesinas que ahora se ven empoderadas.
El presidente Petro ha reiterado que la Reforma Agraria no se trata únicamente de entregar tierras, sino de acompañar a las comunidades con proyectos productivos, asistencia técnica y acceso a créditos blandos. En el Magdalena Medio, esta visión comienza a materializarse con iniciativas que van desde la agricultura sostenible hasta la pesca artesanal, pasando por la consolidación de cooperativas rurales y modelos de asociatividad que permiten a los campesinos enfrentar los retos del mercado.
El anuncio de que más de 18.000 hectáreas han regresado a manos campesinas marca un hito en la Reforma Agraria del Gobierno del Cambio. Cada predio recuperado no solo es un símbolo de resistencia y justicia, sino también la base de un nuevo pacto social entre el Estado y las comunidades rurales. Con estas acciones, el Gobierno busca cumplir el mandato popular de devolver la tierra a quienes la trabajan, consolidar la paz territorial y transformar los territorios históricamente golpeados por la violencia en escenarios de progreso y esperanza.