Estudio ERCE 2025 en Colombia: más de 7 mil estudiantes participaron en la prueba
El Estudio ERCE 2025 en Colombia se aplicó con éxito entre el 9 y el 17 de septiembre, con la participación de cerca de 7 mil estudiantes de grados 3° y 6° de 286 colegios en todo el país. El proceso estuvo a cargo del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes) y hace parte de la prueba educativa más importante de América Latina, que busca medir los aprendizajes en matemáticas, lenguaje y ciencias, así como las habilidades para la vida de los niños y niñas en etapas clave de su formación.
De acuerdo con la directora general del Icfes, Elizabeth Blandón Bermúdez, este estudio representa un paso trascendental para el sistema educativo colombiano. “Para el Icfes es muy importante coordinar esta aplicación que permite compararnos con otros países de la región y reafirmar el compromiso de aportar a la calidad y la equidad en la educación. Lo que se busca es qué y cómo aprenden los estudiantes, no solo en conocimientos, sino en habilidades para la vida”, aseguró.
El Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) 2025 es una evaluación de gran escala coordinada por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la UNESCO, en la que participaron cerca de 20 países de la región, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, además de la entidad mexicana de Nuevo León. En total, el estudio abarcó a 190 mil estudiantes de más de 5 mil colegios latinoamericanos.
El caso de Colombia es especialmente relevante porque ofrece información sobre cómo aprenden los niños y niñas en sus primeros años de escolaridad, etapa decisiva para el desarrollo de competencias fundamentales. “La medición en estos grados permite generar estrategias para cerrar brechas y acelerar aprendizajes en las distintas regiones del país, además de reforzar las áreas en las que se presenten deficiencias”, puntualizó Blandón.
El Estudio ERCE 2025 en Colombia no solo mide resultados académicos, sino también factores asociados al rendimiento escolar a través de cuestionarios de contexto. Esto permitirá al país contar con un diagnóstico más integral sobre la educación en tercer y sexto grado, con miras a fortalecer las políticas públicas, los planes de acompañamiento a las instituciones educativas y la formación docente.
Uno de los aspectos destacados es que la participación de Colombia en este tipo de estudios regionales permite compararse con países que comparten retos similares, como la cobertura en zonas rurales, la calidad en la enseñanza de las ciencias y el fortalecimiento de la comprensión lectora. Al mismo tiempo, ofrece un panorama comparativo que da luces sobre las mejores prácticas educativas de la región.
Los resultados regionales y nacionales del ERCE 2025 serán publicados en 2026, una vez concluya el procesamiento y análisis de la información por parte de la UNESCO. Esto significa que Colombia contará con insumos concretos para evaluar sus avances y dificultades, y así implementar estrategias basadas en evidencia.
La importancia del Estudio ERCE radica en su impacto directo sobre la equidad en el acceso a una educación de calidad. En un país con profundas desigualdades sociales y geográficas, tener datos precisos sobre cómo aprenden los niños de tercer y sexto grado permitirá diseñar planes más efectivos para mejorar la enseñanza en zonas rurales, fortalecer la formación de maestros y garantizar igualdad de oportunidades educativas.
Además, la evaluación cobra especial valor en un momento en el que el sistema educativo colombiano enfrenta los retos de la recuperación de aprendizajes tras la pandemia y el uso creciente de herramientas digitales en el aula. El estudio ofrece un panorama actual de cómo estas transformaciones están impactando el aprendizaje de los estudiantes en comparación con otros países latinoamericanos.
El Estudio ERCE 2025 en Colombia reafirma que la educación no se mide únicamente por la cantidad de niños en las aulas, sino por la calidad del aprendizaje que reciben. El reto ahora es aprovechar esta información para orientar decisiones que realmente fortalezcan el sistema educativo y garanticen que cada estudiante, sin importar su contexto, tenga las mismas oportunidades de aprender y progresar.