Cauca fortalece soberanía alimentaria con 1.700 hogares
En el municipio de Argelia, Cauca, 1.700 hogares campesinos fortalecen su soberanía alimentaria gracias a la entrega de insumos agrícolas, aves de postura y asistencia técnica dentro del proyecto Unidades Productivas para Autoconsumo (UPA), liderado por Prosperidad Social en alianza con el Programa Mundial de Alimentos. Esta iniciativa, que beneficia directamente a comunidades rurales del suroccidente del país, busca garantizar la seguridad alimentaria y mejorar la calidad de vida de las familias campesinas, al tiempo que promueve la cohesión comunitaria.
El programa inició en abril con una masiva convocatoria que logró la preinscripción de más de 2.700 hogares. Tras un proceso de verificación y visitas en terreno, fueron seleccionadas 1.707 familias que hoy ya cuentan con acompañamiento técnico y social para poner en marcha sus huertas y consolidar prácticas de autoconsumo. Este esfuerzo se enmarca dentro de una estrategia nacional de Prosperidad Social que, junto con el Programa Mundial de Alimentos, invierte más de 62.000 millones de pesos en fortalecer la seguridad alimentaria en varios departamentos del país.
Entre el 18 y 22 de agosto se llevaron a cabo 57 encuentros comunitarios en los diez corregimientos de Argelia, bajo la metodología “Aprender Haciendo”. Durante estas jornadas, las familias compartieron prácticas de cultivo, preparación de alimentos y organización comunitaria, demostrando que la seguridad alimentaria no solo es el acceso a productos básicos, sino también un proceso de fortalecimiento social que promueve la unidad en los territorios.
A partir de octubre, los hogares seleccionados recibirán aves ponedoras, materiales para la adecuación de galpones y utensilios de cocina. Cada familia contará con insumos valorados en más de 1,4 millones de pesos, que incluyen concentrado, comederos, bebederos, tejas de zinc, mallas y elementos de uso cotidiano para la preparación de alimentos. Con estos recursos se busca garantizar una fuente de proteína constante y mejorar los hábitos de nutrición en las comunidades.
El impacto del proyecto no se limita a la entrega de materiales. El acompañamiento técnico es clave para enseñar a las familias a manejar de manera sostenible sus huertas, optimizar el uso de los recursos y garantizar que el proceso de producción se convierta en un medio de desarrollo a largo plazo. Con la participación de expertos en agricultura y nutrición, las familias aprenden técnicas que van desde la siembra de productos básicos hasta la crianza de especies menores.
El programa UPA no es exclusivo del Cauca. Actualmente se implementa también en departamentos como Magdalena, Antioquia, Bolívar y Chocó, donde miles de hogares ya han recibido apoyo en la construcción de huertas y el manejo de animales de autoconsumo. La estrategia nacional ha permitido que comunidades tradicionalmente excluidas encuentren nuevas herramientas para enfrentar el hambre y construir condiciones de justicia social.
Según Prosperidad Social, la inversión destinada a este programa supera los 62.000 millones de pesos. De esta suma, más de 50.000 millones provienen directamente de la entidad, mientras que el Programa Mundial de Alimentos ha destinado más de 12.600 millones. Con estos recursos, el Gobierno busca impactar de manera significativa en los territorios más vulnerables, especialmente en zonas donde el conflicto armado, la pobreza y la falta de oportunidades han limitado el acceso a una alimentación adecuada.
En Argelia, uno de los municipios históricamente afectados por la violencia y el abandono estatal, el proyecto tiene un valor simbólico adicional. Al promover las huertas familiares y comunitarias, se fortalece no solo la seguridad alimentaria, sino también la resiliencia de las comunidades. La posibilidad de cultivar sus propios alimentos y criar especies menores representa un paso hacia la autonomía y la dignidad de las familias campesinas.
Además, la metodología participativa de “Aprender Haciendo” ha permitido que los beneficiarios no sean simples receptores de ayudas, sino protagonistas activos en la construcción de soluciones. Durante los encuentros comunitarios, los campesinos compartieron sus experiencias y adaptaron las técnicas propuestas a sus propias realidades, lo que asegura la sostenibilidad de las iniciativas en el tiempo.
El Gobierno del Cambio ha enfatizado que este tipo de proyectos se enmarca en la apuesta por reducir las desigualdades sociales y garantizar derechos fundamentales. La seguridad alimentaria, más que un programa de asistencia, se concibe como una política de justicia social que contribuye al desarrollo rural, la paz territorial y la construcción de comunidades más equitativas.
La implementación de las Unidades Productivas para Autoconsumo refleja el compromiso del Estado con la lucha contra el hambre y con la generación de oportunidades en territorios históricamente olvidados. Para Prosperidad Social, cada huerta y cada galpón representan un paso hacia un país más justo, donde las familias campesinas no dependan exclusivamente de los mercados externos, sino que puedan garantizar su propio sustento con autonomía.
De esta manera, Argelia se convierte en un referente del impacto que puede tener la combinación de inversión pública, cooperación internacional y participación comunitaria en la transformación de territorios. Los 1.700 hogares beneficiados son hoy un símbolo de cómo la seguridad alimentaria fortalece no solo la nutrición, sino también el tejido social y la esperanza de las comunidades.
Con este programa, el Cauca demuestra que es posible avanzar hacia un modelo de desarrollo rural más inclusivo, donde las familias campesinas sean protagonistas de su propio bienestar. Prosperidad Social y el Programa Mundial de Alimentos ratifican así su compromiso con la construcción de un país en el que el hambre deje de ser una barrera y la soberanía alimentaria se convierta en una realidad para todos.