Degradación del 40% de suelos en Colombia amenaza la seguridad alimentaria
- El 40% de los suelos en Colombia presenta algún grado de degradación, una cifra superior al promedio mundial que se ubica en el 30%.
- Las deficiencias de nutrientes en la tierra provocan “hambre oculta”, afectando al 24,7% de los niños menores de cinco años con problemas de anemia.
- El proyecto internacional “Suelos para la Nutrición” implementa el programa “Doctores de los Suelos” en la Orinoquía para capacitar a campesinos en prácticas sostenibles.
Por FAO en Colombia | La relación entre el clima, la tierra y la salud humana es directa y visible en cada plato de comida. Elementos cotidianos de la canasta familiar como el arroz, la papa, la yuca, las frutas y el café reflejan los efectos de las temperaturas extremas, las sequías y las lluvias torrenciales que golpean al territorio nacional. En el marco de las conmemoraciones mundiales del Medio Ambiente y de la Inocuidad de los Alimentos, expertos advierten que la producción de comida nutritiva depende estrictamente de las condiciones del suelo.
Radiografía de los Suelos y la Nutrición en Colombia
Cifras oficiales sobre la degradación de la tierra, su impacto directo en la salud pública y el proyecto para mitigar la inseguridad alimentaria.
Suelos Degradados
Porcentaje del territorio colombiano afectado por la erosión, superando la media mundial del 30%.
Anemia Infantil
Prevalencia de anemia en niños menores de 5 años debido al desabastecimiento de micronutrientes esenciales como el zinc y el hierro.
Inseguridad Alimentaria
Número de personas (1 de cada 5 hogares) que enfrentaron dificultades de acceso a alimentos en 2025.
Productores Formados
Meta de la FAO para capacitar a 60 agricultores líderes (“Doctores de los Suelos”) y 350 productores en técnicas sostenibles.
De acuerdo con reportes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 95% de los alimentos de la humanidad provienen del suelo. Cuando ocurren temporadas secas prolongadas, la vida microscópica que hace fértil la tierra se reduce drásticamente. Por el contrario, las lluvias intensas lavan la capa superficial del terreno, arrastrando los minerales esenciales y la materia orgánica. Esta situación termina afectando la disponibilidad, variedad y precios en los mercados locales.
La crisis estructural de la tierra y las cifras en el territorio nacional
El suelo funciona como un ecosistema vivo compuesto por microorganismos, lombrices, hongos y minerales que trabajan de forma conjunta para mantener la fertilidad y permitir la infiltración del agua. Según informaron expertos en gestión sostenible de la FAO, a nivel global existe una degradación de los suelos del 30%, pero en Colombia la cifra asciende al 40%, lo que representa una amenaza directa para la sostenibilidad alimentaria de la población.
Cerca de cuatro de cada diez hectáreas en el país registran afectaciones por erosión, lo que significa la pérdida paulatina de la capa donde se concentran el carbono y la humedad. Producir alimentos bajo este escenario exige mayores inversiones económicas y un esfuerzo superior por parte de los agricultores, afectando la calidad final de los productos que llegan a los hogares colombianos.
Inseguridad alimentaria y el fenómeno del “hambre oculta”
Cuando la tierra pierde sus nutrientes, las plantas reducen su capacidad para absorber minerales básicos. Esto genera alimentos con bajos aportes de hierro, zinc, proteínas y vitaminas. De acuerdo con datos oficiales de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE de 2025, uno de cada cine hogares en Colombia enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que equivale a unos 12 millones de personas con dificultades de acceso a la comida.
Esta realidad se suma al denominado fenómeno del “hambre oculta”, que consiste en la deficiencia de micronutrientes en el organismo. Las estadísticas nacionales señalan que el 24,7% de los niños menores de cinco años padece de anemia en el país. Asimismo, en las mujeres gestantes se identifica una prevalencia promedio de anemia ferropénica del 11%, afectando con mayor fuerza a las comunidades vulnerables. La falta de zinc, por ejemplo, debilita el sistema inmune de los menores, haciéndolos más propensos a contraer infecciones respiratorias y diarreicas.
Enfermedades transmitidas por alimentos y pérdida del filtro natural
La degradación del suelo también altera su función como filtro natural contra elementos contaminantes. En terrenos dañados, metales pesados como el plomo o el cadmio quedan disponibles con mayor facilidad, ingresando de forma silenciosa a la cadena alimentaria a través de las plantas o las fuentes de agua de riego. El cambio climático acelera estos riesgos, pues el aumento de las temperaturas facilita la proliferación de microorganismos dañinos.
Según los registros oficiales de vigilancia epidemiológica en Colombia, durante el año 2024 se reportaron 765 brotes de enfermedades transmitidas por alimentos. Para el año 2025, con corte al periodo epidemiológico XII, las autoridades sanitarias contabilizaron 608 brotes que dejaron un saldo de 6.899 casos clínicos y más de 29.000 personas expuestas. Estas cifras confirman que la inocuidad depende de los manejos previos en las fincas y no solo del lavado doméstico.
El proyecto “Suelos para la Nutrición” y el programa de extensión rural
Para mitigar este problema estructural, se puso en marcha en el país el proyecto “Suelos para la Nutrición”, una iniciativa de cooperación internacional promovida por la FAO, la Alianza Mundial por los Suelos, ministerios de Alemania y Colombia, y AGROSAVIA. Colombia fue seleccionada como uno de los países piloto a nivel global junto a México y Burkina Faso, buscando optimizar la salud de los terrenos cultivables.
El programa concentra sus acciones de manera estratégica en la región de la Orinoquía, específicamente en Meta y Casanare, una zona clave para el abastecimiento que en 2025 reportó una producción superior a los 5,1 millones de toneladas de alimentos. En estos territorios se promueven técnicas sostenibles como el uso de coberturas vegetales, la rotación de cultivos, la protección de microcuencas y la disminución de fertilizantes de síntesis química.
Innovación y tecnología en manos de las comunidades campesinas
El núcleo de la estrategia se basa en el Programa Global de Doctores de los Suelos, un modelo de educación comunitaria donde profesionales técnicos capacitan a líderes campesinos para que estos transmitan los conocimientos a sus vecinos. El plan contempla la certificación de 60 agricultores líderes y el entrenamiento de 350 productores locales, a quienes se les dota con herramientas de campo como microscopios adaptables a celulares y kits de medición química.
La iniciativa cuenta con un enfoque de equidad que exige un mínimo del 40% de participación de mujeres y un 30% de jóvenes rurales. El objetivo es incorporar innovación tecnológica en el campo para demostrar a las nuevas generaciones que la agricultura sostenible y la conservación de la tierra pueden consolidarse como actividades económicas rentables, dignas y viables a largo plazo.
Acciones desde las ciudades para proteger el sistema alimentario
La recuperación de la capa fértil de la tierra no depende exclusivamente de los habitantes rurales. Los consumidores en las zonas urbanas cumplen un rol determinante mediante sus hábitos de compra y consumo. Acciones como adquirir productos de temporada, abastecerse en mercados campesinos locales y reducir el desperdicio de comida ayudan a disminuir la presión sobre los ecosistemas agrícolas y disminuyen los costos logísticos de transporte.
De igual forma, la diversificación de la dieta familiar incentiva la siembra de diferentes especies, quebrando los monocultivos que desgastan los nutrientes del suelo. La separación de residuos orgánicos en los hogares para la creación de compostaje permite retornar materia orgánica a los ciclos productivos, contribuyendo desde las ciudades a resolver una crisis que afecta de forma directa la salud pública del país.