Petro advierte: tierras entregadas deben producir o volverán a manos de narcos y ‘paras’
El presidente Gustavo Petro lanzó una advertencia durante la entrega de 18.000 hectáreas de tierra a campesinos del Magdalena Medio, en el marco de la Reforma Agraria: si los predios no se ponen a producir, existe el riesgo de que regresen a manos de paramilitares o narcotraficantes. El mandatario subrayó que la política agraria no se limita a la entrega de terrenos, sino que debe incluir producción de alimentos, industrialización y exportación.
El jefe de Estado aseguró que la Reforma Agraria requiere una articulación real entre la Agencia Nacional de Tierras, el Banco Agrario, la Agencia de Desarrollo Rural, Finagro y otras instituciones del sector agropecuario. Su mensaje fue claro: las tierras entregadas deben garantizar la seguridad alimentaria y convertirse en motores de desarrollo económico regional.
Petro recordó la violencia que azotó al Magdalena Medio, cuando miles de campesinos fueron asesinados y despojados de sus tierras por grupos paramilitares. Por eso hizo un llamado especial a la Policía Nacional, a la que responsabilizó de proteger a las comunidades rurales. El presidente fue enfático al advertir que no permitirá más asesinatos en la región y que, si es necesario, se renovará la institución para garantizar la vida de los campesinos.
El mandatario planteó una visión integral de la Reforma Agraria, donde la democratización de la tierra vaya de la mano con la creación de cooperativas, el acceso a crédito y la incorporación de tecnología agrícola. Según explicó, Colombia debe dar un salto en tres frentes: abastecer con alimentos a las zonas que carecen de ellos, exportar a regiones del mundo que sufren hambre y agroindustrializar la producción por regiones, no de forma aislada.
En ese contexto, mencionó cultivos estratégicos como leche, papa, maíz y arroz. Este último fue resaltado como un producto clave para la competitividad internacional. Petro propuso la creación de una “Ruta del Arroz” inspirada en la histórica Ruta de la Seda de China, con la construcción de vías campesinas, industrias, factorías y silos que permitan a Colombia convertirse en una potencia exportadora de este cereal.
El presidente señaló que, aunque ya se han entregado 18.000 hectáreas en la región, la meta es mucho más ambiciosa, pues el Magdalena Medio es una de las áreas prioritarias de la Reforma Agraria. En su visión, tener tierra sin producirla es insuficiente: para hacerla productiva se requiere educación, innovación tecnológica, inversión estatal y organización comunitaria.
Además, explicó que el Estado debe desempeñar un papel protagónico en la compra y distribución de alimentos, garantizando precios justos para los campesinos y asegurando el acceso a mercados internacionales. Para ello, resaltó la importancia del fondo de exportación y del trabajo coordinado con el Ministerio de Agricultura, de manera que las haciendas entregadas puedan convertirse en polos de producción de arroz con capacidad competitiva global.
La advertencia de Petro también refleja las tensiones que atraviesa la Reforma Agraria, una de las banderas principales de su Gobierno. Aunque ya se han entregado tierras en varios departamentos, persisten retos en materia de financiación, infraestructura rural, acompañamiento técnico y seguridad para las comunidades campesinas.
En regiones como el Magdalena Medio, la tierra no solo representa un medio de producción, sino también un escenario de disputa histórica entre campesinos, actores armados y economías ilegales. La apuesta del Gobierno busca cambiar esa realidad, consolidando la propiedad campesina y garantizando que la producción agrícola se convierta en el camino para fortalecer la paz y el desarrollo en el campo colombiano.
Con la propuesta de la “Ruta del Arroz” y el fortalecimiento de la producción agroindustrial, el presidente Petro reafirma su objetivo de transformar al país en un referente en la exportación de alimentos. Sin embargo, dejó claro que el éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad de articular esfuerzos estatales, comunitarios y de seguridad para evitar que el poder territorial vuelva a quedar en manos de estructuras criminales.
La Reforma Agraria sigue siendo una de las apuestas más ambiciosas del Gobierno del Cambio. Para el presidente, el futuro del campo no se define solo en la entrega de tierras, sino en la capacidad de los campesinos de producir, asociarse y abrirse a los mercados internacionales. El riesgo de no hacerlo, advirtió, es que resurjan dinámicas de despojo y violencia que marcaron por décadas la historia del Magdalena Medio.