Los jóvenes del Catatumbo María Camila Ávila y Rafael Amado, ingresaron a la carrera de Medicina, y Stiven Sánchez, a Fonoaudiología
El acceso gratuito a la educación superior en el Catatumbo es hoy una realidad histórica gracias al Programa de Admisión Especial con Enfoque Territorial (PAET), impulsado por la Universidad Nacional de Colombia en alianza con el Ministerio de Educación. Treinta y cuatro jóvenes de ocho municipios de esta región del país ya iniciaron carreras profesionales en áreas como medicina, odontología, nutrición, medicina veterinaria, terapia ocupacional, fonoaudiología y zootecnia. Este logro marca un punto de inflexión en una zona tradicionalmente golpeada por la violencia y con pocas oportunidades para la juventud.
El ministro de Educación, Daniel Rojas Medellín, explicó que al inicio del actual gobierno se encontraron con una limitación estructural: de las 101 instituciones educativas de preescolar, básica y media en el Catatumbo, 44 no ofrecían bachillerato completo. Hoy, todas las instituciones de la región garantizan la formación hasta grado 11, un avance que abre el camino para que más bachilleres accedan directamente a la universidad. “Este logro nos obliga a redoblar esfuerzos para asegurar que ese mayor número de bachilleres pueda transitar de manera inmediata hacia la educación superior”, destacó el funcionario.
El PAET ha permitido que jóvenes como María Camila Ávila y Rafael Amado, ambos admitidos en Medicina, y Stiven Sánchez, quien ingresó a Fonoaudiología, sean los primeros profesionales en formación de sus familias. Sus historias simbolizan el cambio que significa para el Catatumbo abrir puertas educativas donde antes solo había opciones limitadas, como emplearse en trabajos informales o en economías ilegales. “Nacer en tierra de conflictos no significa vivir atados a ellos. Como la semilla que crece entre ruinas, nuestras vidas pueden florecer”, expresó María Camila en su discurso de bienvenida en la Universidad Nacional.
Por su parte, Stiven Sánchez recordó la falta de oportunidades que ha marcado a su región. “Siendo realistas, aquí son muy pocas las opciones, es ir a raspar coca o trabajar al día. Ahora que logré ingresar a la universidad, veo en mí un futuro diferente. Con esta oportunidad están rompiendo un ciclo de guerra”, aseguró. Rafael Amado, emocionado por ser el primer médico de su familia, agregó que este programa abre caminos que parecían imposibles y que representan esperanza para toda una generación.
El impacto del programa no solo está en el acceso, sino también en la permanencia. Los estudiantes beneficiados cuentan con alojamiento, alimentación y acompañamiento psicosocial, elementos fundamentales para garantizar que puedan culminar con éxito sus estudios superiores. Este enfoque integral busca que la educación sea una herramienta real de transformación social y no una meta inalcanzable.
Desde la Universidad Nacional, el decano de la Facultad de Medicina, José Fernando Galván, subrayó la importancia de extender esta experiencia a otros territorios afectados por el conflicto. “Nuestra expectativa es continuar con el programa en otros territorios PDET y ZOMAC, y con el apoyo del Gobierno nacional y aliados como Ecopetrol lograr más admitidos y pensar en una segunda cohorte en el Catatumbo. Invitamos a otras universidades públicas a recoger esta experiencia y abrir más oportunidades en las regiones”, señaló.
El Catatumbo, históricamente asociado con la violencia, el narcotráfico y la falta de oportunidades, comienza a ser ejemplo de resiliencia gracias a estas políticas educativas. Los jóvenes, ahora con acceso a carreras profesionales, representan una semilla de cambio para comunidades que durante décadas han sido víctimas del abandono estatal. La educación superior gratuita y con pertinencia territorial se convierte así en un instrumento para romper ciclos de pobreza y violencia, y en una apuesta estratégica por la paz en el país.
Este esfuerzo se enmarca en la mayor inversión educativa en la historia de Colombia, impulsada por el Gobierno del Cambio. Entre 2022 y 2025, el presupuesto del sector creció de 64,7 billones a 79,2 billones de pesos en cifras constantes. Los recursos de funcionamiento para universidades públicas aumentaron un 32% real, pasando de 9 billones en 2022 a 11,9 billones en 2025. Además, entre 2023 y diciembre de 2024, se incorporaron 190.504 nuevos estudiantes al sistema de educación superior en todo el país.
El impacto de esta inversión se refleja directamente en territorios como el Catatumbo, donde el acceso a la educación superior antes parecía una meta lejana. Hoy, el Estado colombiano apuesta por convertirla en una herramienta de transformación estructural. La gratuidad, sumada al acompañamiento integral, asegura que los estudiantes no solo ingresen, sino que permanezcan y culminen sus estudios, reduciendo la deserción académica y fortaleciendo las capacidades locales.
El avance en el Catatumbo es también una respuesta a la deuda histórica con regiones marginadas y afectadas por el conflicto armado. Brindar oportunidades educativas de calidad y con pertinencia territorial significa que los jóvenes podrán regresar como profesionales a aportar al desarrollo de sus comunidades, generando un círculo virtuoso de progreso social y económico.
De esta manera, el Programa de Admisión Especial con Enfoque Territorial no se limita a abrir cupos universitarios, sino que constituye un modelo de inclusión y equidad que puede replicarse en otros puntos críticos del país. La experiencia en el Catatumbo demuestra que, con voluntad política, inversión y acompañamiento institucional, la educación puede convertirse en la herramienta más poderosa para construir un futuro distinto.
El acceso gratuito a la educación superior en el Catatumbo es, en definitiva, un paso firme hacia la construcción de un país más justo, equitativo y en paz. Los jóvenes que hoy ingresan a la universidad representan no solo la esperanza de sus familias, sino también la certeza de que la transformación social empieza en las aulas.